La Academia Americana de Odontología Pediátrica recomienda llevar a los niños por primera vez al dentista en torno al primer año de vida. Hace años la recomendación era cuando los niños tuvieran completa su dentadura de leche, más o menos a los 3 años.
Pero son cada vez más numerosos los casos de caries en preescolares, por lo que la recomendación se ha adelantado.
A pesar de las citadas recomendaciones es algo que habíamos ido retrasando, un poco porque no veíamos ningún problema y otro poco, lo confieso, por pereza.
Tengo entendido que en los colegios se suele organizar una visita al dentista, en unos centros a los 3 años, en otros en 1º de primaria, es decir en torno a los 6 años. Como mi pequeña aún no va al cole empecé a temer el no estar al día en este asunto.
Prueba superada
En fin, nuestra primera experiencia en el dentista ha sido la pasada semana, a los 4 años y medio de mi hija. En realidad iba tranquila, pues la niña no se ha quejado nunca de dolor de dientes, no parecía tener ninguna caries, incluso una de sus ocupaciones favoritas es lavarse los dientes y coleccionar dentífricos... con todo, tenía cierta inquietud pues mi hija adora los dulces.
La niña fue con ganas, para ella era toda una aventura, aún así, al verse en la camilla se sintió algo intimidada, pero el dentista fue muy agradable y todo se pasó bien.
El veredicto fue bueno, un desarrollo dental que no presenta problemas de momento y ni una sola caries! con todo lo que en su día leí sobre la posible caries del lactante...
(He de decir que sobre la caries del lactante, leí dos versiones. aquella que culpaba a las tomas nocturnas de leche materna de provocar posibles caries como todo lo contrario, la leche materna estaría cargada de componentes antibacterianos capaces de combatir la caries)
Una pasta de dientes más para la colección y una nueva visita dentro de un año.
Considero de interés decir también que se aconseja la primera visita al ortodoncista en torno a los 7 años, pues muchos problemas si se detectan tempranamente se pueden solucionar en la infancia de forma rápida y sencilla.
miércoles, 3 de julio de 2013
domingo, 28 de abril de 2013
Internet y los niños
Nuestros hijos ya nacen en la era digital. Para ellos el ordenador es tan normal como lo fue para nosotros la tv. Muchas puertas se abren ante ellos y muchas dudas para nosotros, los padres, así como los peligros que sabemos que también acechan en la red.
A veces me pregunto en qué momento el PC entró en la vida de mi hija o si he hecho bien o mal en este tema, si debería haber alejado a mi pequeña de este artefacto y que lo hubiese descubierto con 10 años...
Lo cierto es que si el PC forma parte de nuestras vidas también lo formará de las vidas de nuestros hijos. Negar la realidad tampoco ayuda y es obvio que internet tiene también numerosas ventajas. Muchas siestas, ratos de teta, hizo mi hija en mis brazos mientras yo estaba frente a la terrible pantalla.
Con el tiempo le empecé a poner algún que otro vídeo infantil para entretenerse un rato, o le daba la merienda mientras yo atendía los comentarios de los posts o mi vida 2.0 en las redes sociales. Ella ha crecido observando lo que yo hacía frente al PC y todo ello ha dado sus frutos.
Al principio era solo teclear letras sin orden alguno, para imitar a mamá. Una vez que aprendió a leer le fue cada vez más sencillo escribir al teclado, en ocasiones me llegó a suplantar! entonces comprendí que ya no había rumbo atrás.
Al día de hoy, navega en internet buscando lo que a ella le pueda interesar, nos intercambiamos e-mails y hasta tiene una página en facebook!
Todo ello me da cierto vértigo, yo no crecí así. Me tenía que haber ocultado a sus ojos cuando usaba el ordenador? Sinceramente, eso me habría parecido una solución rebuscada y no factible.
Creo que la vida on line ha formado parte de su desarrollo intelectual y no creo que sea malo que los niños conozcan una realidad que formará para siempre parte de sus vidas. Eso sí, con vigilancia siempre y limitando mucho el uso del ordenador, pues la vida 1.0 es mucho más interesante.
A veces me pregunto en qué momento el PC entró en la vida de mi hija o si he hecho bien o mal en este tema, si debería haber alejado a mi pequeña de este artefacto y que lo hubiese descubierto con 10 años...
Lo cierto es que si el PC forma parte de nuestras vidas también lo formará de las vidas de nuestros hijos. Negar la realidad tampoco ayuda y es obvio que internet tiene también numerosas ventajas. Muchas siestas, ratos de teta, hizo mi hija en mis brazos mientras yo estaba frente a la terrible pantalla.
Con el tiempo le empecé a poner algún que otro vídeo infantil para entretenerse un rato, o le daba la merienda mientras yo atendía los comentarios de los posts o mi vida 2.0 en las redes sociales. Ella ha crecido observando lo que yo hacía frente al PC y todo ello ha dado sus frutos.
Al principio era solo teclear letras sin orden alguno, para imitar a mamá. Una vez que aprendió a leer le fue cada vez más sencillo escribir al teclado, en ocasiones me llegó a suplantar! entonces comprendí que ya no había rumbo atrás.
Al día de hoy, navega en internet buscando lo que a ella le pueda interesar, nos intercambiamos e-mails y hasta tiene una página en facebook!
Todo ello me da cierto vértigo, yo no crecí así. Me tenía que haber ocultado a sus ojos cuando usaba el ordenador? Sinceramente, eso me habría parecido una solución rebuscada y no factible.
Creo que la vida on line ha formado parte de su desarrollo intelectual y no creo que sea malo que los niños conozcan una realidad que formará para siempre parte de sus vidas. Eso sí, con vigilancia siempre y limitando mucho el uso del ordenador, pues la vida 1.0 es mucho más interesante.
domingo, 21 de abril de 2013
Crónicas de Francia - Cuestión de modas
Inauguro con esta entrada lo que pretendo que sea una sección un tanto aparte dentro del blog, algo así como un "miniblog". La idea es plasmar en estas entradas, breves y en un tono más desenfadado, mis experiencias viviendo en Francia. La maternidad y la crianza seguirán impregnando mis textos, es natural, pero deseo tratar además algún que otro tema que pueda ser de interés o simplemente curioso para hacerlo más ameno. Y el tema de hoy no es nada habitual en este blog...
Me encantan los bebés y niños vestidos con cierto clasicismo, lo cual no está reñido con ir cómodo cuando la ocasión lo requiere y dista mucho de ser ñoño. Hace tiempo que pienso que España constituye una excepción dentro de la moda infantil. Ojeando revistas, viendo programas, hablando con gente extranjera...uno se da cuenta de que los arrullos, las ranitas, los faldones, los vestiditos de corte sastre... son raros más allá de nuestras fronteras. Y claro, eso mismo es lo que me he encontrado en Francia.
Cuando observo a los niños franceses veo que están muy lejos del modo de vestir que aún se ve en España. Nada de lazos en las niñas ni de ir conjuntados. Es todo bastante diferente! El primor se abandona en aras de la modernidad o de la comodidad. Los niños suelen ir vestidos de mayores y no de niños...Algo que a mí no me termina de gustar.
Entiendo que haya gente, incluso en nuestro país, que huya de esas prendas clásicas para sus hijos pero creo también que sería una pena que esa tradición terminara perdiéndose pues es una riqueza que tenemos y que gente que viene de fuera suele valorar positivamente.
Cuestión de modas
La moda infantil me apasiona. Es algo que descubrí cuando comencé a anhelar un bebé, me fijaba en los escaparates de las tiendas de ropa para niños, en cómo iban los bebés por la calle, cómo se engalanaban sus cochecitos...Me encantan los bebés y niños vestidos con cierto clasicismo, lo cual no está reñido con ir cómodo cuando la ocasión lo requiere y dista mucho de ser ñoño. Hace tiempo que pienso que España constituye una excepción dentro de la moda infantil. Ojeando revistas, viendo programas, hablando con gente extranjera...uno se da cuenta de que los arrullos, las ranitas, los faldones, los vestiditos de corte sastre... son raros más allá de nuestras fronteras. Y claro, eso mismo es lo que me he encontrado en Francia.
Cuando observo a los niños franceses veo que están muy lejos del modo de vestir que aún se ve en España. Nada de lazos en las niñas ni de ir conjuntados. Es todo bastante diferente! El primor se abandona en aras de la modernidad o de la comodidad. Los niños suelen ir vestidos de mayores y no de niños...Algo que a mí no me termina de gustar.
Entiendo que haya gente, incluso en nuestro país, que huya de esas prendas clásicas para sus hijos pero creo también que sería una pena que esa tradición terminara perdiéndose pues es una riqueza que tenemos y que gente que viene de fuera suele valorar positivamente.
miércoles, 27 de marzo de 2013
"Para criar un niño hace falta una tribu"
Este conocido proverbio
africano habla de lo complicado que es criar a los hijos en solitario, y es
cierto, no todo puede recaer en la madre, se necesita una red social que aunque no sea muy extensa, ampare esa crianza, que sostenga a la mamá
cuando está cansada, enfadada o agobiada. Las madres que pasan
muchas horas con sus hijos a solas saben lo duro que puede llegar a ser.
No hace falta que esa "tribu" sea una multitud, basta con un círculo de personas de confianza con la que tengamos puntos de vista comunes en materia de crianza. Básicamente la familia, abuelos, tíos, algún vecino merecedor de esa confianza, algún amigo.
Muchos padres en falta de esa tribu, se ven oligados a echar mano de las guarderías o de pagar a alguna cuidadora, cosa que me parece comprensible ya que a todo no se puede llegar, porque a veces se necesitan esos momentos de descomprensión o nos surge algún que otro imprevisto...
Mi tribu no era extensa, mi marido y mis padres básicamente y algún amigo de confianza me hicieron mucho más llevaderos los primeros años de crianza. Estoy segura de que sin su ayuda todo habría resultado mucho más complicado, no puedo ni imaginarlo.
Hoy vivo una situación bien diferente tras la mudanza porque si hay algo que ha cambiado y mucho es precisamente el arropamiento de mi tribu.
Por suerte mi hija ya no es un bebé, con sus 4 años todo es mucho más llevadero que antes, dialogamos mucho, nos comprendemos... sin embargo pasamos las 24 horas del día juntas y eso es algo que en ocasiones nos pesa a ambas.
La tribu no es algo que se improvise, se tienen que dar las condiciones, el clima de confianza necesario tanto para los padres como para los niños, la construcción de una tribu lleva su tiempo. Cuantas más vivencias se comparten con esas personas más crece la intimidad necesaria para estrechar lazos.
Aquí mi hija tiene a sus otros abuelos y otros familiares pero con ellos no tiene la confianza y la complicidad necesarias para hablar de "tribu".
Para un caso de necesidad tengo con quién contar pero se echan de menos muchas cosas que nos aportaba nuestra tribu de siempre: el tener un tiempo solo para mí mientras la nena disfrutaba en compañía de sus abuelos, el poder delegar ciertas tareas, el quedar con amigos con o sin niños, con todo lo que ello aporta...
Disfrutamos mucho la una en compañía de la otra, pero en ocasiones necesitamos como es natural tomar una distancia, aunque sea pequeña, y ahora es más complicado que antes, por suerte sigue estando el papá.
Es ahora más que nunca que puedo comprender la soledad a la que se enfrentan muchas madres y padres que no cuentan con ningún apoyo en las ciudades en las que viven.
La tribu es algo muy importante, un valor que no se debe desdeñar.
No hace falta que esa "tribu" sea una multitud, basta con un círculo de personas de confianza con la que tengamos puntos de vista comunes en materia de crianza. Básicamente la familia, abuelos, tíos, algún vecino merecedor de esa confianza, algún amigo.
Muchos padres en falta de esa tribu, se ven oligados a echar mano de las guarderías o de pagar a alguna cuidadora, cosa que me parece comprensible ya que a todo no se puede llegar, porque a veces se necesitan esos momentos de descomprensión o nos surge algún que otro imprevisto...
Mi tribu no era extensa, mi marido y mis padres básicamente y algún amigo de confianza me hicieron mucho más llevaderos los primeros años de crianza. Estoy segura de que sin su ayuda todo habría resultado mucho más complicado, no puedo ni imaginarlo.
Hoy vivo una situación bien diferente tras la mudanza porque si hay algo que ha cambiado y mucho es precisamente el arropamiento de mi tribu.
Por suerte mi hija ya no es un bebé, con sus 4 años todo es mucho más llevadero que antes, dialogamos mucho, nos comprendemos... sin embargo pasamos las 24 horas del día juntas y eso es algo que en ocasiones nos pesa a ambas.
La tribu no es algo que se improvise, se tienen que dar las condiciones, el clima de confianza necesario tanto para los padres como para los niños, la construcción de una tribu lleva su tiempo. Cuantas más vivencias se comparten con esas personas más crece la intimidad necesaria para estrechar lazos.
Aquí mi hija tiene a sus otros abuelos y otros familiares pero con ellos no tiene la confianza y la complicidad necesarias para hablar de "tribu".
Para un caso de necesidad tengo con quién contar pero se echan de menos muchas cosas que nos aportaba nuestra tribu de siempre: el tener un tiempo solo para mí mientras la nena disfrutaba en compañía de sus abuelos, el poder delegar ciertas tareas, el quedar con amigos con o sin niños, con todo lo que ello aporta...
Disfrutamos mucho la una en compañía de la otra, pero en ocasiones necesitamos como es natural tomar una distancia, aunque sea pequeña, y ahora es más complicado que antes, por suerte sigue estando el papá.
Es ahora más que nunca que puedo comprender la soledad a la que se enfrentan muchas madres y padres que no cuentan con ningún apoyo en las ciudades en las que viven.
La tribu es algo muy importante, un valor que no se debe desdeñar.
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